Apostado tras los vidrios de un tragaluz, aquí, en Peña de Francia, privilegiada vía mindoniense. Admiro y contemplo...
Son estos los sinuosos tejados mirandeses sobre los que, inexpugnables, se alzan monumentales las torres catedralicias de Santa María. Bañadas por los rayos que un afable sol primaveral brinda, desde allá lejos, aupado a lomos del Padornelo; vigía y guardia de todo el valle.
Coronando su cúspide, los encumbrados paisajes lindinenses; y a sus pies, el Couto de Otero, que reposa sosegado para venir a abrazarse con su hermano “muiñeiro”. Y después, Mondoñedo, villa cuyas nobles piedras se enaltecen de contar más de un millar de esplendores.
Cuna y autora de una extensa letanía de ilustres y notorios, de los cuales el más celebre hubo de acarrear con la afección de ser en su tierra profeta. Por su gracia, la multitud obtuvo sacra dispensa...
"Mil Primaveras Mais": hete aquí su más preciado obsequio, su eterna condena.
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-21 de Marzo, equinoccio de primavera.-

  Alejandro Hermida Artiaga

 

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